Síguenos en :

 

INICIO ACERCA DE NOSOTROS NOTICIAS SUSCRIPCIÓN CONTACTO
 
Suscríbete a totalmente GRATIS y recibe noticias, promociones y mucho más...
- Tomos y Artículos Destacados -

- Tomo 1 Octubre 2010 -

 

Los niños nacen siendo obedientes ?
Por Yadira Esther Ortega Llanes

La influencia de los padres

 

Por muchos años he trabajado con niños como maestra de educación preescolar y he comprobado que los padres pueden darse cuenta claramente qué clase de hijos han formado. En sus palabras tienen el poder y la autoridad suficientes para edificar —o destruir— los hijos que les ha tocado educar.
Tus palabras son tan determinantes porque definen el crecimiento o retroceso en el desarrollo
del carácter de tus hijos, pues siempre son influencia —buena o mala— en cada uno de ellos. Así que la respuesta es: no, los niños no nacen siendo obedientes, son los padres quienes hacen obedientes o desobedientes a sus hijos.

« siembra en ese
momento palabras
de corrección y de
amor, y [...] nunca las
olvidará. »

Cuida tus palabras


Uno de los más graves problemas en la sociedad actual es que los hijos crecen con rechazo, el cual les produce actitudes de superioridad o inferioridad, sentimientos de incapacidad, baja autoestima o incluso depresión infantil, hasta el grado de llegar a suicidarse muy jóvenes.

Esto se debe en parte a que durante su infancia y su juventud, en vez de escuchar palabras de amor, generalmente escucharon expresiones como: nunca haces nada bien, eres un bueno para nada, eres un burro, qué torpe eres, siempre haces las cosas mal. La mayoría de las ocasiones los padres de familia hablan sin darse cuenta. Tal vez porque están pasando un mal momento o porque no piensan lo que dicen —no lo sé. No importa qué tan enojado estés en ese momento, o qué tan molesto te sientas con la conducta que acaba de presentar tu hijo, jamás debes decirle palabras que lo humillen y lo hagan sentir como una cucaracha aplastada: siembra en ese momento palabras de corrección y de amor, y seguramente cuando él sea adulto, nunca las olvidará. Proverbios 22:6 (tla) dice: «Educa a tu hijo desde niño, y aún cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas».

«Entonces este niño sale preparado y
dispuesto para comerse el mundo. Sabe que
no importa lo que se le ponga enfrente, nada
va poder contra él [...]»

Dios te dice cómo hablar a tus hijos

Con tus palabras formas a tus hijos. Al respecto, la Biblia nos enseña qué es lo que sucede con nuestras palabras cuando hablamos y las dirigimos hacia nuestros hijos: Isaías 55:11 (ddh) dice « Así también la palabra que sale de mis labios no vuelve a mi sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero y cumple la orden que le doy ».
Sin embargo debes tener mucho cuidado. Las palabras que hables a tus hijos serán prosperadas para bien o para mal, muchas de ellas serán edificantes y otras serán destructivas, porque las palabras tienen un impacto de poder para la vida o para la muerte: Proverbios 18:21 (pdt) dice «Lo que uno habla determina la vida y la muerte; que se atengan a las consecuencias los que no miden sus palabras ».

Dos maneras de educar

En una revista leí acerca de los judíos —es muy conocido que ellos son personas que prosperan en casi todo lo que emprenden. En el artículo se mencionaba que los niños judíos generalmente sobresalen desde que están en la escuela, porque —a través de los tiempos— las mamás judías han mantenido la costumbre de dar una bendición
verbal a sus hijos cada mañana.
Veamos la siguiente situación: un niño judío se levanta para ir a la escuela, se arregla, se pone su uniforme, desayuna, prepara sus útiles escolares con ayuda de su mamá y, una vez listo y antes de salir de casa, su mamá pone sus manos sobre él y le bendice diciendo: «Hijo mío, Dios te da la sabiduría, la inteligencia y el entendimiento, y te da la gracia y el favor delante de tus maestros y tus compañeros. Declaro que hoy tienes un día excelente y que —te recuerdo, además— eres 10 veces mejor que el mejor». En seguida, la mamá
le da un fuerte abrazo, con un enorme beso y lo despide. Entonces este niño sale preparado
y dispuesto para comerse el mundo. Sabe que no importa lo que se le ponga enfrente, nada va poder contra él porque es un victorioso en todo.

Consideremos el caso contrario: el niño se levanta más que dormido, se le ha hecho tarde, lo
viste su mamá, le mete el popote con el licuado de plátano en la boca mientras lo regaña porque no se levantó a tiempo, lo peina, lo jalonea, y entonces empiezan las prisas, él corre, ella corre, le grita y lo sermonea por la tarea que no terminó el día anterior. Enseguida se escucha el sonido del claxon, indicando que ya llegó el trasporte escolar, y ni adiós le dijo. Este niño se va a la escuela sin bendición y con una mezcla de sentimientos entre enojo y tristeza. Tal vez merecía la corrección porque no terminó la tarea o porque no se levantó temprano o por ambas cosas, pero definitivamente no empezó bien el día. Las dos madres hablaron y enviaron palabras, y ambas prosperarán. Podemos darnos cuenta que se trata de dos hogares totalmente diferentes: en el primer caso la mamá habló bendición a su hijo y lo mandó como un campeón, y en el segundo el niño salió programado para la derrota por las actitudes y la ausencia de bendición.

Para toda la vida

Ten cuidado con lo que hablas porque lo que sale de tu boca tiene poder y ejerce una gran influencia en la vida de tus hijos. Debemos siempre bendecirlos —y también a todos nuestros familiares. No se trata únicamente de decirles «qué bonito estás», sino de darles palabras de bendición y de verdad, palabras que prosperen para bien —y nunca para mal—, pues esto marcará a tu hijo para toda la vida. Con tus palabras, proyecta a tu hijo a la bendición, al éxito, al triunfo, a la victoria. Recuerdo claramente que las palabras de mi abuelo siempre fueron sabias, verdaderas, de amor, con corrección: palabras de Dios para sus hijos y nietos. Ahora puedo ver en mi mamá, mis tíos y mis primos, hombres y mujeres de bien. Es maravilloso saber que cada palabra que él sembró ahora es toda una cosecha de éxito. Lo que mi abuelo habló permanece en la mente y en el corazón de cada uno de nosotros, aunque ya han pasado muchos años.

Corrección sí, pero con amor

Ahora es tiempo que comiences a trabajar con tu hijo de forma adecuada: habla lo que quieras ver en él, háblale con sabiduría. Es decir, si tu hijo no te dijo la verdad, no significa que sea un mentiroso, entonces no le digas que lo es, cuando solamente dijo una mentira, corrígele « no mientas, di la verdad ». Si tiene su cuarto hecho un caos, eso no indica que sea un desordenado, simplemente no lo ha recogido, dile « ¿ si tú eres ordenado por qué tienes este desorden?, recógelo y manifiesta lo que eres ». No refuerces sus errores con tus palabras, él — igual que tú — está aprendiendo a vivir, y seguramente con palabras de amor y de bendición lo entenderá. Si tu hijo se equivoca en algo, hazle ver su error de una forma diferente. Que él pueda entender y tú corregir con palabras de amor. Así, si tu hijo tira el chocolate cuando ya está listo para ir a la escuela, en lugar de decirle — ¡ siempre me tiras el chocolate, qué tonto eres!, mejor dile — hijo, fue una distracción, pero sé que eres cuidadoso y responsable, te amo hijo. Empieza a hablar y a crear el futuro de tus hijos por medio de palabras que edifiquen y construyan, que lo hagan crecer, y estarás formando un ser humano seguro y exitoso. Y recuerda esto: si tu hijo tiene 20, 30 o 40 años, nunca es tarde para que le digas las palabras más importantes de este mundo: Te amo hijo.

« Es
maravilloso
saber
que cada
palabra que
él sembró
ahora es toda
una cosecha
de éxito. »

 

 

 

Visita también:

www.ministeriosjoycemeyer.org

www.iglesiaconquista.com

  Todos los Derechos Reservados - Revista 2011